EL PLACER DE VIAJAR

Cada experiencia un aprendizaje

 

Hemos querido dedicar el artículo de este mes a un sueño que es compartido por la gran mayoría: viajar. ¿Qué harías si te toca la lotería? – Viajar, ¿Cuales son tus aficiones? – Leer, escuchar música, viajar… Y es que provoca una mezcla de curiosidad, de ligera incertidumbre, de impaciencia por llegar, ilusión… un gran mix de emociones!

Así que este mes nos hemos preguntado ¿Por qué nos gusta tanto viajar?

 

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Porque hace que salgas de tu zona de confort, esa que tanto te ha costado construir y que ahora te demanda taaanto tiempo de tu día a día. También hace que desconectes de la rutina diaria y veas que sucede de verdad en el mundo.

Es la mejor forma de aprender. De conocer idiomas, costumbres, religiones, tradiciones… de eliminar prejuicios y darnos cuenta que la opinión de cualquier persona es tan válida como la nuestra.

Es la mejor forma de desarrollar los paladares y coger el gusto (o no) al picante, a los noodles, a los bichos fritos, a las fajitas, a la auténtica pizza, a la tortilla de patatas, al mojo picón…  y descubrir la gran variedad de alimentos que hay.

Te obliga a pensar sólo en el presente y dejar de torturarte por el pasado y angustiarte por el futuro. Cuando viajas tus sentidos dan lo mejor que tienen y solo existe el ahora. No hay pasado, no hay futuro, el tiempo desaparece.

Genera confianza en uno mismo. ¡Ey, si he sido capaz de llegar a este sitio gracias a la intuición y orientación puedo ser capaz de mucho más!

La indescriptible sensación de despertarse en un lugar diferente.

Coloca en tu camino a personas a veces totalmente distintas y a veces muy parecidas, pero siempre interesantes.

Aviva la creatividad, acentúa la curiosidad y nos hace pensar por nosotros mismos. Apaga la vela del conformismo.

Conectas con tu interior y eso no es una tarea fácil. Volver de un viaje hace que te sientas un poco más pleno, más sabio.

¡Nos hace sentir libertad! Nos descubre lugares increíbles, nos muestra las aguas más turquesas que has visto nunca, las grutas más remotas, nos hace sentir pequeños.

Hace en definitiva, que nos demos cuenta de que el mundo es un lugar sencillo y que los complicados somos nosotros.

 

Para acabar vamos a citar este texto de Leila Guerreiro que pone fin a esta declaración de emociones:

 

“Sé que no viajo para ver paisajes, para visitar museos, para admirarme ante pirámides de miles de años. Viajo para leer, para perderme. Para ejercitarme en la improvisación y el ascetismo. Viajo para no volver atrás, para no llegar a ninguna parte, para habituarme a perder y a despedir: lugares, cosas, gente. Viajo para recordar que no es bueno sentirse seguro ni aún seguro, a salvo ni aún a salvo. Viajo para moverme, que es la única forma de vida que respeto.

 

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